
El gobierno planea modificar la Ley de Glaciares que protege zonas estratégicas de agua dulce y regula la diversidad de los ecosistemas de esa porción de tierra que es el corazón de nuestro futuro. El proyecto ya tiene media sanción del Senado y ahora debe definirse en Diputados. Ante este ataque a nuestras tierras y vidas, los movimientos sociales, ambientales y feministas, plantamos bandera para frenar esta explotación a través de las herramientas que la democracia nos dio: alzar nuestras voces, poner el cuerpo, resistir ante la adversidad. Y haciendo uso de ese derecho se llamó a una audiencia pública, según lo prevé el Acuerdo de Escazú.
Para las audiencias públicas realizadas el 25 y 26 de marzo en Diputados se inscribieron más de 100 mil personas, una convocatoria única en el mundo. Ningún suceso ambiental mundial convocó a tanta gente a querer participar, pero solo unos pocxs pudieron hacerlo.
La intención de la audiencia pública era habilitar un espacio abierto y democrático para fundamentar posiciones sobre el proyecto de reforma a la Ley de Glaciares. Esa participación era oral, en vivo y en directo, no a través de videos para subir al canal de Diputados por YouTube o con la presentación de un escrito (obligatoriedad de 10 páginas A4, formato PDF), como el gobierno lo impuso. La participación ciudadana es transversal, no limitada a investigadorxs, personas alfabetizadas digitalmente. Los parámetros propuestos limitaron la participación, provocando con esta censura una audiencia fraudulenta, ilegal y antidemocrática. La audiencia pública, sobre cualquier asunto que se practique, es la clara interpretación de la libertad, por ende, de la democracia. Habría que consultarle al gobierno si esa “Libertad” de la que tanto habla, está aquí/acá entre nosotras…
La voz del pueblo es la democracia Las palabras tienen peso, posicionan, bajan línea, legitiman: El 16 de marzo, una semana antes de la audiencia pública, Milei dio un discurso en la Bolsa de Comercio de Córdoba dónde atacó al movimiento ambientalista y volvió a plantear una falacia ¿para qué tenemos la tierra?:
“¿Y para qué está? ¿Para qué nos dio el Creador el planeta?, ¿para qué, para contemplarlo?” La violencia simbólica se escurre por todos lados. Si la tierra no está para cuidarla, ya que es el lugar que habitamos, con su interrogante parece que está para explotarla. Y esa es la lógica de gobiernos autoritarios, ultra capitalistas y fascistas.
Ese interrogante es la fiel lógica del especismo, el colonialismo y el patriarcado: tomar como propiedad privada todo lo que puedan apropiarse: las tierras, el agua, los estados, la naturaleza y animales, los cuerpos de niñas, adolescentes, mujeres y disidencias, la vida.
Este proyecto de modificación de la Ley de Glaciares promete empleo con la minería, pero no se habla del trabajo que se perdería, porque sin agua no pueden desarrollarse actividades de los pueblos y comunidades, obligando a migrar forzosamente a centros urbanos donde se vive precariamente. Tampoco habla de la desigualdad estructural existente que, ante desastres ambientales, facilita la expansión de la violencia de género. Las mujeres en situaciones de impacto climático estamos expuestas a mayor vulnerabilidad económica y física, aumento de roles de cuidado, impacto en la salud e invisibilización ciudadana. Por eso la importancia de esta audiencia pública, que era el instrumento para escuchar esas historias.
Por otro lado, según el INTA, el 70% de las tierras argentinas, están bajo procesos de desertificación severos. Toda esta evidencia del colapso climático se puede encontrar en la ciencia, pero claramente no es la fuente de información a la que está apelando este gobierno para la reforma, su fuente es el acuerdo geopolítico del caos. Este proyecto extractivista y de saqueo de los bienes comunes es complementario con el plan de políticas que lleva adelante el gobierno con su motosierra: romperlo todo, desmantelar nuestros acuerdos básicos de convivencia, de protección, de derechos humanos, de una vida libre de violencia desde una mirada interseccional. Si la violencia viene desde el Estado ¿Qué tipo de democracia estamos construyendo?
¡Para el real cumplimiento democrático ante la restricción a la audiencia pública exigimos una nueva instancia de participación!
Ante las tormentas de guerra. Frente al fascismo desatado en forma de Anarcocapitalismo. Unir las luchas es la tarea.
ES AHORA ES URGENTE - EL AGUA NO SE TOCA LA LEY DE GLACIARES NO SE TOCA - EL AGUA NO SE VENDE
#feminismointerseccional
*El Acuerdo de Escazú es el primer Tratado Ambiental en América Latina y el Caribe que garantiza el acceso a la información, la participación pública y la justicia en asuntos ambientales.