
Cada 17 de agosto recordamos a José de San Martín, uno de los hombres que entendió que no podía haber libertad sin independencia ni independencia sin soberanía.
San Martín luchó para que nuestros pueblos pudieran decidir su propio destino. Hoy, esa defensa de la soberanía vuelve a interpelarnos.
Mientras el gobierno de Javier Milei intenta avanzar sobre las normas que protegen nuestras tierras frente a la extranjerización, vuelve a estar en discusión algo mucho más profundo que una ley: quién decide sobre nuestro territorio, nuestros bienes comunes y los recursos que sostienen nuestra vida.
La tierra, el agua, los bosques y nuestros recursos naturales no son una mercancía más. Son parte de nuestra soberanía y de nuestro patrimonio colectivo.
La defensa de la Patria no es una consigna vacía ni una postal del pasado. Es defender hoy la capacidad de nuestro pueblo para decidir sobre su territorio y su futuro.
San Martín nos enseñó que la soberanía se construye y se defiende.
A 176 años de su paso a la inmortalidad, seguimos sosteniendo la misma convicción:
LA PATRIA NO SE VENDE. LA SOBERANÍA NO SE NEGOCIA.