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Repudiamos las expresiones misóginas de Santiago Cúneo contra Myriam Bregman.
Cuando no hay argumentos para discutir con una mujer, aparecen el cuerpo, la ropa, la sexualización, el insulto y la humillación.
No es una opinión. Es violencia machista utilizada como herramienta de disciplinamiento político contra Miriam y contra todas las mujeres que se atreven a hacer política.
Una mujer que ocupa el espacio público, que habla, que debate y que cuestiona al poder incomoda. Y cuando incomoda, el machismo intenta devolverla al lugar que históricamente nos quiso imponer: calladas, sexualizadas y subordinadas.
No vamos a naturalizarlo.
A las mujeres no nos callan. A las feministas no nos disciplinan. La violencia machista no es debate político.