
Silvina Rosa Drago, bioquímica, docente e investigadora del CONICET, fue asesinada a tiros en su casa del barrio Candioti Norte en Santa Fe. Tenía 56 años y una extensa y reconocida trayectoria académica. El principal sospechoso es su pareja, Héctor Osvaldo Riego, de 63 años. Según las primeras investigaciones, le disparó en reiteradas oportunidades, luego atacó a los perros del hogar y finalmente se quitó la vida. No fue un “drama pasional”, no fue un hecho aislado. Fue un femicidio.
En lo que va del año, 57 femicidios ocurrieron en nuestro país. Nombrarlo es fundamental porque nos permite visibilizar relaciones de poder, dinámicas de control y una violencia estructural que sigue arrebatando la vida de mujeres y diversidades en nuestro país.
El femicidio de Silvina nos atraviesa como sociedad y vuelve a poner en evidencia que la violencia machista no distingue edad, nivel educativo, clase social ni religión. La violencia machista es el resultado de las desigualdades estructurales entre los géneros que siguen intactas en nuestro país.
La responsabilidad política es concreta. El gobierno de Javier Milei, con un discurso negacionista, el desmantelamiento de políticas de género y el intento de eliminar la figura de femicidio del Código Penal, debilita las herramientas de prevención, asistencia y protección a las víctimas.
Estos crímenes se producen en contextos donde el Estado se retira, niega la violencia de género y abandona su responsabilidad de garantizar vidas libres de violencia, mientras nos siguen matando.
Exigimos políticas públicas y un Estado presente.
Justicia para Silvina.
#NiUnaMenos