
El 23 de septiembre de 1947 se promulgó la Ley 13.010, que estableció en su artículo 1° que: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”. Por primera vez, se reconoció legalmente nuestro derecho a votar. Las mujeres argentinas pudimos ejercerlo por primera vez en las elecciones presidenciales de 1951.
Hoy, 79 años después, el reconocimiento formal de nuestros derechos políticos convive con una realidad que todavía está atravesada por desigualdades y violencias.
El primer estudio probabilístico de alcance nacional sobre violencia contra las mujeres en política, realizado para ONU Mujeres por el CINEA-UNTREF, revela que el 83% de las legisladoras y concejalas encuestadas atravesó al menos una situación de violencia durante el ejercicio de su cargo actual. El porcentaje asciende al 91,7% entre las legisladoras nacionales. La violencia digital aparece, además, como uno de los principales ámbitos donde se manifiesta: alcanzó al 89,3% de las legisladoras nacionales y al 66,9% de las concejalas.
La violencia política adopta múltiples formas: hostigamiento, amenazas, violencia psicológica y digital, deslegitimación, discriminación y también ataques misóginos que buscan disciplinar a las mujeres que ocupamos el espacio público.
Los dichos de Santiago Cúneo contra Myriam Bregman son un ejemplo reciente. Al referirse a ella, llegó a decir: “ponéle tetas, abrile el escote, empezá a hacerla más trolita”. No hay debate político posible cuando se intenta desacreditar a una mujer apelando a su cuerpo y sexualizándola. Es una forma de violencia política que busca correr el eje de sus ideas para cuestionar su legitimidad como dirigente.
La violencia política contra las mujeres vulnera derechos, limita nuestra participación y debilita la democracia.
A 79 años de conquistar el derecho al voto, la deuda sigue siendo garantizar que podamos participar, representar y ejercer el poder político sin violencia, sin misoginia y en igualdad de condiciones.
La democracia también se construye cuando las mujeres podemos hacer política sin pagar con violencia el precio de ocupar el espacio público.