
Carolina Aló tenía 17 años cuando fue asesinada por su novio, Fabián Tablado, el 27 de mayo de 1996 en la localidad de Tigre (Buenos Aires). Ambos iban al colegio Marcos Sastre. Cuando Carolina fue asesinada, la figura de femicidio todavía no existía en el Código Penal argentino. El caso fue juzgado como “homicidio simple”, en una época en la que estos crímenes eran frecuentemente tratados como “crímenes pasionales”.
Tablado fue condenado a 24 años de prisión y recuperó la libertad en 2020, tras cumplir la pena.
El caso de Carolina visibilizó una problemática que aún hoy atraviesa a miles de jóvenes: la violencia en los noviazgos adolescentes. Los celos, el control, la posesividad y las agresiones suelen ser minimizados o confundidos con muestras de amor, sostenidos por los mitos del amor romántico que asocian el sufrimiento y la dependencia con los vínculos sexoafectivos.
La violencia no terminó con el crimen. Incluso después de recuperar la libertad, Tablado continuó ejerciendo violencia y hostigamiento. Volvió a ser juzgado por desobedecer dos restricciones perimetrales que le prohibían acercarse a sus hijas y a Edgardo Aló, padre de Carolina. Por esto, se le impuso la pena de un año de prisión efectiva. Actualmente tiene una restricción de acercamiento respecto de la familia Aló.
A 30 años del femicidio de Carolina, las violencias en los vínculos adolescentes continúan siendo una problemática urgente. En un contexto de discursos negacionistas y de desmantelamiento de políticas públicas de género, recordar su historia también es defender el derecho de niñas, adolescentes y mujeres a vivir vidas libres de violencias.
Exigimos la implementación efectiva de la Educación Sexual Integral (ESI) como herramienta fundamental para prevenir las violencias desde edades tempranas, promover vínculos sexoafectivos basados en el respeto y brindar herramientas para identificar situaciones de control, manipulación y violencia en las relaciones.
Justicia por Carolina, por todas.